La virtualización de los procesos de capacitación dejó de ser una opción, para consolidarse como modalidad imprescindible en la transferencia de habilidades y competencias al puesto de trabajo (al menos mientras dure la pandemia).

La frase de Charles Darwin donde destacaba que “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio”, hoy aplica perfectamente a las circunstancias que nos toca atravesar, tanto a empresas como a personas.

Estamos viviendo un cambio de época, donde las empresas deben adecuarse a las nuevas dinámicas que impone la pandemia. La capacidad de realizar en forma efectiva las adaptaciones necesarias, impactará directamente sobre los resultados, la productividad y competitividad de las organizaciones.

La adopción masiva del home office a partir del surgimiento del Covid-19, el establecimiento de periodos de cuarentena que aún persisten en numerosas ciudades de América Latina y el mundo, junto con el afianzamiento de esta modalidad laboral con miras a la nueva normalidad, impusieron un doble desafío a las empresas en relación a la capacitación de sus equipos:

Conforme avanza la pandemia y se implementan diferentes modelos de aislamiento, hay sectores productivos que no interrumpieron sus actividades y continúan operando en un marco de nueva normalidad.

La pandemia modificó muchas dinámicas empresariales; además de acelerar la transformación digital de las organizaciones, obligó a explorar el home office como modalidad de trabajo. Al punto que todas las empresas tuvieron que adoptar el teletrabajo en forma total o parcial.

Conforme avanza la pandemia y se implementan diferentes modelos de aislamiento, hay sectores productivos que no interrumpieron sus actividades y continúan operando en un marco de nueva normalidad.

Conforme avanza la pandemia en América del Sur y mientras se prolongan los períodos de aislamiento obligatorio en varios países, se van perfeccionando las prácticas para trabajar en forma remota sin que se vea afectado el desempeño personal y los rendimientos grupales de los equipos.

Las empresas experimentaron profundas transformaciones en estos últimos cuatro meses que obligaron a ajustar procesos, reconfigurar roles, adaptar y reestructurar equipos, e incluso a pensar en nuevos modelos de negocio, para hacer frente y resolver los nuevos escenarios que planteó el Covid-19.

Muchas empresas se están planteando dar carácter permanente a la modalidad del home office para aquellas tareas que puedan realizarse a distancia. De hecho, algunas estimaciones giran en torno a mantener entre un 20 y 40% de las plantillas en sus casas, cuando comiencen a superarse los períodos de aislamiento forzado. 

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